domingo, 28 de junio de 2026

Paradox - Mysterium (2025)


 

La expresión “banda infravalorada” es muy sobre usada, pero pocas veces ha sido tan merecida como en el caso de Paradox. Para poner un poco de contexto debo empezar diciendo que para mí los alemanes tienen una de las mejores discografías del Thrash Metal. Estoy hablando de un hipotético Top 10, y si me apuran hasta los meto en el Top 5, allá arriba en el Olimpo del género junto a Testament, Overkill, Kreator y Sodom. Tan buenos son que quizás me anime a conseguir un parche de su logo para mi chaqueta. Ellos quizás nunca han sacado un 10, pero sus discos siempre se mantienen en un rango entre 8 y 9. Asimismo, Paradox se encuentra entre esos grupos subvalorados que (a mi entender) no alcanzaron un mayor éxito por ser demasiado extremos para los fans del Heavy/Power Metal, pero no lo suficiente para los fanáticos del Thrash Metal. Se podría decir que su estilo es más “cañero” que “pesado”. Otros ejemplos similares serían Iced Earth, Razor y Flotsam & Jetsam.

Inicialmente iba a reseñar su disco Pangea (mi introducción a la banda) en junio con motivo de su décimo aniversario, pero al final me pareció mejor hablar de este Mysterium, lanzado en septiembre. Desde la primera escucha lo sentí un poco raro. Lo primero que noté es el sonido tan comprimido en general, como si estuviera mezclado en mono. Y no es debido a “la guerra del volumen” pues el álbum tiene buen rango dinámico (DR9), sino que los instrumentos no están bien separados en la mezcla. Sin dudas es la mayor pega de Mysterium, sin ser algo excesivamente grave. Además, el tono de las guitarras es bastante estéril. Mi otro problema fue con los riffs: al principio varios me resultaban un poco unidireccionales y casi se difuminaban en el fondo, en parte porque se repiten bastante. Intrigado, me puse a buscar los créditos y para mi sorpresa descubrí que, debido a difíciles circunstancias (salidas de varios miembros y muerte del baterista Alex Blaha), el fundador Charly Steinhauer tuvo que encargarse de casi todo: composición, grabación de voces, bajo, guitarras, programación de batería¹ y hasta la producción. Entonces entendí. Porque claro, usualmente menos cabezas pensantes conllevan resultados mediocres. Con todo, creo que Charly supo adaptarse bastante bien y salvar los muebles. Tanta confianza se tuvo que llevó el disco hasta casi la hora de duración, entregando temas largos que oscilan entre 5 y 7 minutos. La “banda” mantiene su clásico sonido: un cóctel de Speed, Power y Thrash Metal, pero ahora con regusto ligeramente áspero y mecanizado similar al de los últimos trabajos de Dark Angel (gracias a Dios NO TAN PLANO) y Testament. No obstante, el álbum fluye bien, alternando una mayoría de cortes muy intensos con otros que se decantan por un Heavy Metal tipo Judas Priest y Metal Church (tema título, Within The Realms Of Gray y Pile Of Shame), además de intercalar dos breves instrumentales (Grief y Tunguska) que aportan algo de respiro. La voz de Steinhauer se ha ido suavizando hasta llegar al tono agradable y melódico actual que recuerda una mezcla entre Hansi Kursch (Blind Guardian) y un Bruce Dickinson (Iron Maiden) más terrenal. Sus estribillos tienen un gancho tremendo, en especial los de Those Who Resist, Pile Of Shame y el de la brutal abridora Kholat, que resalta porque la canción no disminuye su velocidad durante esa sección. Pero las guitarras siguen siendo el punto fuerte de Paradox, con ese particular estilo de riffeo rápido y seco que comúnmente agolpa en varias pistas/capas para amplificar su poder. Vamos, vamos, Charly es uno de los mejores en esto. Mi tema preferido es One Way Ticket To Die con ese sencillo riff² principal sobre el galope rápido de la batería que me mantiene moviendo la cabeza horizontal y verticalmente. The Demon God es otro corte intenso donde los haya, que inicia con un pesado ritmo ascendente a lo Chimaira. Por otro lado está Abyss Of Pain And Fear, más progresiva en su composición, con un calmado puente central, algunos machaques y ligeros toques melódicos del Kreator moderno. El contenido lírico escrito por Achim Hömerlein es una pasada, ya que gira en torno a temas interesantes como la interpretación de los sueños (Mysterium), la guerra (Fragrance Of Violence), la reencarnación (Within The Realms Of Gray) e historias que poseen un toque de misticismo, entre ellas la expedición Diátlov (Kholat), El expreso de medianoche (Abyss Of Pain And Fear) y el incendio del edificio Reichstag en 1933 (Those Who Resist).

Y esto es Mysterium, a grandes rasgos. Siendo sincero, al principio pensaba que el disco suponía una pequeña manchita en el expediente de Paradox (sobre todo con el tema de la producción), pero esa impresión se fue disipando en el transcurso de varias escuchas. Es un buen disco de Thrash Metal, pero los viejos fans de la banda quizás deban tomarse un tiempo para aceptarlo. Igual sigo echando en falta más riffs remarcables, ya que antes había al menos uno en cada canción.



¹según Encyclopaedia Metallum, pero Charly dice que el tocó la batería, vaya usted a saber…
²prueba de que tampoco se necesita mucho para hacerme feliz


martes, 16 de junio de 2026

A Thousand Years Slavery - Decade (2016)



 

[DÉCIMO ANIVERSARIO]¹

Otra banda que lanzó un álbum increíble y enseguida desapareció de la faz de la tierra, aunque supuestamente sigue activa según los Metal Archives. Descubrí al quinteto suizo ese mismo año cuando buscaba nuevas bandas en coreradio.ru, si mal no recuerdo. En su página de Bandcamp describen su estilo como una mezcla entre Death Metal Escandinavo (¿?) y Metalcore Estadounidense… ok. A mí me suenan mucho a dos de mis grupos preferidos: los August Burns Red y The Black Dahlia Murder en su mejor época (2005-2009), si bien su sonido se decanta más por los primeros, manteniendo la relación en un 65/35%, más o menos. Agrégale algunos coros limpios a lo As I Lay Dying (The Fall Of Icarus, (R)Epicurean, Above The Canopy, Forget The Sunlight, Coelacanth) y obtienes un Death Metal Melódico/Metalcore bastante sólido y ligeramente técnico. Aunque el parecido es notable no se cumple el meme de “oh, ya tenemos un August Burns Red en casa”, lo que distingue a A Thousand Years Slavery son sus largas y elaboradas canciones, con breakdowns potentes pero no demasiado previsibles y donde los riffs son el centro de atención. Los guitarristas Cedric y Laurent constantemente juegan con diferentes melodías, solos, partes dobladas y cambios de ritmo, manteniendo los riffs frescos y excitantes. Buena muestra de ello es el tema Breath, donde uno de ellos se “atrasa” en el riff para “alcanzarlo” casi al final del mismo (1:30), mete chugs mientras el otro “solea” (1:47 – 2:14) y luego hace tappings¹ encima de los breakdowns (2:16); a la postre ambos terminan entrelazándose con trémolos similares. Y así también es el resto del disco, nunca se quedan mucho tiempo haciendo lo mismo. Me resulta muy interesante su estilo de composición tan dinámico, casi progresivo, en el que no hay un momento aburrido, en parte también porque no repiten los coros y los breakdowns son más entretenidos que los de bandas parecidas. Del baterista Ives puedes esperar el típico galope rápido (tupa-tupa-tupa) del Thrash Metal, mucho doble bombo, múltiples blast beats y hasta jazz beats en la mencionada Breath. El registro hardcorero y grueso de Roan y su forma de vocalizar recuerda bastante al de Jake Luhrs (cantante de ABR), si bien algunos gritos (Above The Canopy, The Hall Of Shame) y guturales (Samsara) parecen salidos del mismísimo Trevor Strand (en paz descanse) de The Black Dahlia Murder. No he encontrado las letras (y apenas se entiende lo que canta), pero a juzgar por los títulos parece que tratan temas de biología (Up To Kubrera, Coelacanth, Danaus Plexippus), mitología/ fantasía (The Fall Of Icarus, Winter Is Coming) y filosofía (Samsara, (R)Epircurean, Tyler Durden). La verdad no le encuentro una pega al álbum, hasta la producción de Vladimir Cochet es impecable, en especial ese tono tan limpio de las guitarras. Si acaso podría señalarle su duración algo extensa (una hora) y que las canciones tienen una vibra similar. Evidentemente A Thousand Years Slavery no inventaron nada con Decade pues es un disco con dos claras influencias musicales pero que aun así suena muy fresco gracias al gran talento compositivo de los suizos.



¹Década cumple una década.

 


martes, 26 de mayo de 2026

John Lindahl - Opening Night: The Complete Score (2020)

 


A principios del 2024 mientras buscaba música nueva de Pia Mia vi que tenía un tema navideño Cuddle Up con John y enseguida me dispuse a chequear su discografía. Lindahl es otro de esos cantantes que han firmado por una compañía grande (Epic Records) al terminar un concurso de talento (X Factor) solo para ser desechados enseguida sin siquiera haber lanzado un álbum. Por suerte Logic lo rescató para su BobbyBoy Records (una subsidiaria de Def Jam), permitiéndole sacar este debut en 2020 y el disco navideño A John Lindahl Holiday al año siguiente. Es evidente que con Opening Night: The Complete Score¹ John trata de dejar una profunda huella en el género y probar que está entre los mejores artistas de su generación. El álbum suena “grande” y “épico” debido al uso de varios instrumentos en vivo (bajo, batería, piano, trompetas, violines, cellos, etc) y está estructurado como un musical: con apertura, intermedio y cierre. Así vemos que Overture (obertura en inglés) es una pieza orquestal a modo de popurrí que brinda una muestra de las principales melodías que encontraremos a lo largo de Opening Night. Me parece una idea muy original, nunca he oído algo así. El primer tema como tal es la balada en piano Famous, donde John (apoyado por épicos violines y trompetas) ya empieza a exhibir todo su poderío vocal y tremendos aires de grandeza (“I'm gonna be famous, baby, uh, famous, hmm”). En The Greatest también muestra el deseo de ser el mejor (“Give me what I deserve / I'm the greatest in the world”), cantando con una cadencia intermitente entre potentes bass drops y estridentes efectos electrónicos. El tema pasa por varios altibajos, realmente no tiene una dirección determinada, más bien parece un mosaico de partes descartadas de otras canciones, pero el resultado es decente. El sencillo Honest se inclina hacia el Pop-trap y su forma de entonar el coro simula una mezcla entre Justin Timberlake y Joe Jonas. Atención al elegante solo de guitarra eléctrica durante el bajón del final. Probablemente sea mi canción favorita, en parte porque me “llega” mucho ese pre-coro:

These late nights got me low

No, we haven't talked

But I gotta know for sure (For sure)

Does he put it on ya? Make you feel on one? (On one)

Hey, 'cause everything changed, babe (Everything changed)

When he walked your way, babe

 

Le sigue otro temazo con ritmo house titulado Lies donde escuchamos a John rapear (por primera vez) una historia de ruptura y posterior revancha, aunque el coro se mantiene melódico (“You found some company while she's in bed with me / I know that it's fucked up”). Me encanta como de nuevo el ritmo se calma en el segundo verso hasta el final; sin duda otro momento cumbre del álbum. If You Love Me lleva mucha influencia vocal de The Weeknd y nos remonta al dance-pop de los 80, mientras Emotions tiene una sonoridad similar pero tirando más hacia el funk y respaldada por ligeros riffs de guitarra electroacústica. Ambos temas nos adelantaban la dirección musical que John tomaría en su siguiente trabajo Cult Classiqué. Luego de un breve y gracioso entreacto (Intermission) llega Nothin In The World, otra balada romántica (ojo a su inmaculado falsete cuando canta: “If I ain't got you, I ain't got nothin' in the world”) con intermitente piano y violines que no desentonaría en un disco de Donny Hathaway. En All Day resalta su dedicación a la música y trabajo duro (“I'm just like Rocky, beat it up and get up in it (Yeah)”, rapeando como su “mentor” Logic y cantando parecido al del rey del Pop (“Sound like Michael in that white coat (Ayy‚ ayy, hee-hee)”) sobre un suave sintetizador y ese intenso beat sincopado. Clouds parece un tema trap perdido de Trey Songz o Chris Brown, no destaca mucho; la letra dice que su chica lo tiene “en las nubes”. Chicago trae una producción más apacible mientras su voz vuelve a tomar el protagonismo al describir cómo se siente caminar de noche por la ciudad (“I'm sorry, walkin' through the city got me in my feelings right now”). Para el final deja las canciones más interesantes, empezando por Idols, la cual está dividida en 3 partes, cada una con instrumental diferente donde John agradece (rapeando) a personas que lo ayudaron en su carrera musical hasta ese momento (“I gotta thank L.A. Reid, JT, L-O-G-I-C For everything you seen in a younger me”). El tema se mueve entre el R&B típico de los primeros 2000 (la introducción me recuerda a Boys 4 Life de B2K) y la balada a piano. Curtain Call sigue esa misma tónica suave, en la que el rapero Conor Michael Smith narra un discurso inspirador (“I've been a diamond, I don't need any pressure / My life's a puzzle, I'm just trying to put my pieces together, uh”) y Lindahl cierra por todo lo alto revindicando su determinación de alcanzar el éxito (“Someday, they'll say / Someday, everybody's gonna know your name”) acompañado por una épica sección de ópera rock tipo Queen.

Siento haberme extendido tanto con un disco de solo 46 minutos, pero hay ciertas obras que requieren un comentario ampliado, especialmente en este lado desconocido del Pop/R&B, como mismo hice con Eric Bellinger y Charli Taft. En el caso de Opening Night es difícil explicar qué lo hace tan bueno (sólo entenderás cuando lo escuches), pero creo que puedes ponerlo cómodamente al lado de los mejores álbumes de Chris Brown, The Weeknd o Bruno Mars. El mayor acierto de John es su extraordinaria capacidad para combinar diferentes géneros (Rock, Hip-Hop, House) dentro del Pop, además de ser tremendamente talentoso: rapea y baila decentemente, además de producir, componer y cantar como los mejores. Oh sí, olvidé decir que él produjo y compuso todos los temas, pueden chequear parte del proceso de grabación en su canal de Youtube. Si bien Opening Night es un extraordinario debut, lo mejor del artista llegaría tres años después con Cult Classiqué, del cual hablaré en algún momento.



¹Opening Night: The Complete Score* es una edición reeditada del álbum debut de John Lindahl, *Opening Night*. John ha mencionado que esta era la lista de temas prevista para el álbum estándar, pero que, debido a problemas con el sello discográfico, se eliminaron Overture y Intermission. Finalmente, fue publicado en su totalidad el 29 de mayo de 2020.


martes, 17 de marzo de 2026

Sermon to the Lambs - Sermon to the Lambs (2026)

 


Acá vemos el mejor ejemplo de por qué no puedes confiar en ciertas revistas y blogs (AMG) cuando hablan de Brutal Death Metal. Algunos simplemente tienen un serio problema con él. Nunca verás un disco de este subgénero en una de sus listas de lo mejor del año. Y encima tienen la mala manía de llamarle Slam a todo, inclusive a este disco, cuando nada que ver. En realidad Sermon to the Lambs tocan un Brutal Death bastante rápido y sin concesiones, como es habitual en bandas de la disquera Comatose Music. La mayoría de ellas no dejan espacio para pasajes lentos. Si has escuchado a Atrocious Abnormality, Strappado o Lust Of Decay sabes de lo que hablo. De hecho, acá el primer slam aparece en el quinto tema Saints Are Centurions of an Aristotelian Christ y luego quizás haya dos o tres más, realmente son escasos. El tempo se mantiene alto gracias a una batería aplastante que no para de taladrar con múltiples tipos de blast beats y un omnipresente doble bombo. También hay rapidísimos redobles de caja en Scourging at the Pillar y Flagrum Taxillatum. Eso sí, la ejecución es algo mecánica y sin apenas rellenos (fills) de los toms. El aspecto que separa un poco a Sermon to the Lambs del resto son esos riffs trémolos con los que introducen melodías muy oscuras y memorables, sin sacrificar nada de brutalidad. En ese sentido recuerdan a Whore Of Bethlehem, otro fichaje reciente de Steve Green (propietario de Comatose), pero ellos tiran más hacia el Blackened Death, mientras los chilenos alternan los trémolos con muchos chugs fragmentados, marchas rompecuellos y diferentes grooves que paran y arrancan y que terminan redondeando unas canciones bastante variadas. El tema más completo y que mejor combina todos los elementos mencionados es Flagrum Taxillatum. Reconozco que la voz de Richard Aguayo es monótona, pero no espero otra cosa de una banda de Brutal Death y sus guturales profundos no tienen nada que envidiarle a los de otros excelentes vocalistas como Alex Paul (Organectomy) y Haruka Kamiyama (Trumatomy). La portada es la típica de Par Oloffson con un monstruo en el centro y el pasaje desolado de fondo, aunque esta vez usa tonos verdes en vez de sus habituales blancos. Para finalizar quiero reprenderlos por revivir esa maldita práctica de poner un silencio de varios minutos al final del último tema para que el metraje llegue a la media hora. No me gusta reseñar discos muy recientes porque se siente como escribir una primera impresión en vez de un análisis profundo, pero me jode tanta desinformación que leo por ahí. Sermon to the Lambs no es una banda de Slam, sus composiciones no están lo suficientemente basadas en esos riffs lentos (slams) para ser incluida dentro del subgénero. Este debut más bien suena como si pusieras en una coladera a Disgorge (USA) con un poco de Deicide y una pizca de Morbid Angel.


jueves, 26 de febrero de 2026

Dmitry Demyanenko - Insomnia (2016)


 

[DÉCIMO ANIVERSARIO]

Este año quiero seguir reseñando algunos de mis discos favoritos que cumplen aniversario cerrado. Por mi cuenta son 17, vamos a ver cuántos logro reseñar a tiempo. Probablemente me concentre en los que considero más importantes para la escena metalera en general. De momento no reseñaré el Dystopia (2016) de Megadeth que fue en enero ni Retrogore (2016) de Aborted porque ya he hablado de la banda varias veces. Bueno, mejor voy entrando en el tema de hoy. Dmitry Demyanenko es un guitarrista ruso que empezó su carrera en 2010 con la banda Shokran, que alcanzó un reconocimiento moderado entre los seguidores del deathcore/metalcore underground. Yo no lo conocía, pero vi este álbum debut anunciado en alguna página de noticias y enseguida lo descargué pues estaba obsesionado con Animals As Leaders y trataba de escuchar todo lo que se le pareciera. El ruso es el típico shredder contemporáneo, o sea, toma mucha influencia del djent y no tanto del rock clásico, el metal neoclásico o el blues como los virtuosos de antaño. El djent se caracteriza por la afinación grave de las guitarras, riffs/chugs palmuteados y abundantes ritmos complejos (usualmente sincopados). Reconozco que a veces las bandas del subgénero abusan de estos recursos (sobre todo los dos últimos) y llegan a aburrir a mucha gente. Por suerte Dmitry no lo hace y, a pesar de usar múltiples cambios de tiempo y pasajes intrincados, cada canción tiene sonidos electrónicos diferentes, además de un memorable riff principal al cual aferrarse. Por momentos el álbum tiene cierta aura navideña debido al constante acompañamiento de teclados y campanillas/cascabeles, y la inclusión de breves interludios ambientales brinda una excelente sensación de fluidez entre las piezas. En general los riffs no son demasiaaaado complejos pero sí diversos rítmicamente. Los hay “intermitentes” (The Marionette) y “saltarines” (Face With No Scars, Riding The Stars) muy propios del djent, y otros más lentos y pesados (Sleepless Nights, Hero Of A Silent Movie) similares a los de su banda Shokran. Así todo, Dmitry deja ver algunas influencias clásicas en The Morphinist, que recuerda al Steve Vai más animado de temas como The Animal o Juice, y también en Inexplicable Modern Life, donde hace un excelente uso del pedal wah en los solos principales del tema, muy al estilo del maestro Joe Satriani (escucha Searching). A propósito, hay muchísimos solos en Insomnia, la mayoría son rápidos y enrevesados, pero entregados con un tono claro, ligero y a veces sintético (parecido al teclado/sintetizador de Jordan Rudess), en los que Demyanenko muestra gran versatilidad y destreza como shredder. Aunque disfruto mucho de estos, realmente mis favoritos son los de Hero Of A Silent Movie y Sleepless Nights que poseen una textura más simple y melodiosa. Resumiendo, Insomnia es un trabajo entretenido y disfrutable que no requiere de muchas escuchas para apreciarlo, pues Dmitry y su baterista Mikhail Isaev nos entregan (sólo) 30 minutos de buena música que se van en nada. Especialmente recomendado para fanáticos del metal progresivo instrumental.

 

 


domingo, 8 de febrero de 2026

David Calzado y su Charanga Habanera - Subiendo La Parada (2018)

 

Hace 3 años me reencontré con la Charanga Habanera a raíz del 20 aniversario de una de sus obras más celebradas: Soy Cubano Soy Popular. Enseguida la curiosidad me llevó a repasar el resto de su discografía y por suerte encontré algunas joyitas, entre ellas este Subiendo La Parada. Al parecer se mantiene buena parte de la alineación de Vivito y coleando (2015), el cual a mi entender no merecía una nominación al Grammy Latino. El tema título no es el mejor comienzo pues cuando el director David Calzado se pone a cantar es lo peor que le puede pasar a la Charanga. Él quiere ser Alexander Abreu (Habana D’ Primera) so bad pero no le llega, por eso al menos tiene la decencia de hacerlo sobre un ritmo medio rumbero, por lo que habla más de lo que canta, y así no molesta tanto. Pero no te preocupes porque el grueso de las vocales se concentran en dos cantantes más que decentes: por un lado está Alexis Zamora (alias Samurái) con una proyección sobria que funciona bien en varios géneros, y por otro Yaliesky Zaldívar, portador de una voz cálida y melodiosa que recuerda al legendario Leoni Torres, salvando las distancias. Ambos sorprenden gratamente en la balada Amigos. Por la parte instrumental, el álbum tiene una sonoridad timbera típica, con predominio del tecladista Helder Rojas, base rítmica salsera muy marcada y fuerte presencia de metales (trompetas). Esto se constata en la autosuficiente Llegó papá (“pa que tú quieres que me caiga si yo nunca me he caído”) y la dicharachera La rikichula (“yo me quedo con mi pura, rikichula, con mi temba”), pero también en otros temas de corte más suave y romántico como Ángel, Te Siento Venir (donde imitan el I feel it coming de The Weeknd) y la semi-balada Amantes junto a Melani Kap. Asimismo hay espacio para la experimentación en el centro del álbum, con la salsa-pop despechada Vete de aquí (“que te vaya bien, que te vaya mal, que te vaya de cualquier manera”) y otras 3 canciones donde combinan muy bien su característica “fórmula charanguera” con una especie de “reparto electrónico” propulsado por un potente sintetizador que lleva la pauta. Entre estos últimos destaca uno de mis temas preferidos de la Charanga en mucho tiempo: Si la cabeza le dice a los hombros (bonito videoclip) que incita a “gozar la vida” a ritmo de reparto y kisomba (tramo final). Aparte del mencionado tema título, el único punto bajo a mi entender es la vulgaridad presente en algunas canciones (La rikichula, Traicionera), que también dejan frases embarazosas y al mismo tiempo graciosas y memorables como “al que no le gusta le doy teni(s)”.

Subiendo La Parada es un álbum disfrutable que debería complacer a todos los fanáticos de la Charanga y también a otros consumidores de nuevas tendencias musicales (sí, los reparteros). Y digo “debería” con toda intención pues realmente pasó sin pena ni gloria entre el público en general. Esto quizás se deba a que no tiene un tema “matador” (El Bony, Un disparo en la mirada, Gozando en la Habana, entre otros) o a la falta de un cantante con más carisma y capacidad vocal tipo Leoni Torres o Michel Maza. Quién sabe. Pero el hecho de que la banda no se pegue no es necesariamente sinónimo de decadencia musical. De todas formas este es su mejor disco desde, por lo menos, Acabadito De Nacer (2013). Por supuesto, todavía está lejos de obras maestras como Soy Cubano, Soy Popular (2003) y No Mires La Carátula (2009). No me parece que las propuestas salseras más populares de aquella época (Maykel Blanco y Havana D’ Primera) fueran muy superiores. Igual hablo un poco desde la ignorancia, no estoy familiarizado con esas orquestas más allá de algunos sencillos promocionales. Pero para mí la Charanga Habanera juega en otra liga, con su irreverencia timbera de siempre, buena química entre los cantantes, una excelente sección de metales y ese tino de David Calzado a la hora de componer arreglos innovadores y mezclar estilos diferentes.

Últimamente no he querido dar muchas valoraciones personales usando adjetivos “vagos” (bueno, malo), prefiero concentrarme en describir la música de forma rápida y concisa; ojalá tuviera más conocimientos musicales para hacerlo mejor.