martes, 26 de mayo de 2026

John Lindahl - Opening Night: The Complete Score (2020)

 


A principios del 2024 mientras buscaba música nueva de Pia Mia vi que tenía un tema navideño Cuddle Up con John y enseguida me dispuse a chequear su discografía. Lindahl es otro de esos cantantes que han firmado por una compañía grande (Epic Records) al terminar un concurso de talento (X Factor) solo para ser desechados enseguida sin siquiera haber lanzado un álbum. Por suerte Logic lo rescató para su BobbyBoy Records (una subsidiaria de Def Jam), permitiéndole sacar este debut en 2020 y el disco navideño A John Lindahl Holiday al año siguiente. Es evidente que con Opening Night: The Complete Score¹ John trata de dejar una profunda huella en el género y probar que está entre los mejores artistas de su generación. El álbum suena “grande” y “épico” debido al uso de varios instrumentos en vivo (bajo, batería, piano, trompetas, violines, cellos, etc) y está estructurado como un musical: con apertura, intermedio y cierre. Así vemos que Overture (obertura en inglés) es una pieza orquestal a modo de popurrí que brinda una muestra de las principales melodías que encontraremos a lo largo de Opening Night. Me parece una idea muy original, nunca he oído algo así. El primer tema como tal es la balada en piano Famous, donde John (apoyado por épicos violines y trompetas) ya empieza a exhibir todo su poderío vocal y tremendos aires de grandeza (“I'm gonna be famous, baby, uh, famous, hmm”). En The Greatest también muestra el deseo de ser el mejor (“Give me what I deserve / I'm the greatest in the world”), cantando con una cadencia intermitente entre potentes bass drops y estridentes efectos electrónicos. El tema pasa por varios altibajos, realmente no tiene una dirección determinada, más bien parece un mosaico de partes descartadas de otras canciones, pero el resultado es decente. El sencillo Honest se inclina hacia el Pop-trap y su forma de entonar el coro simula una mezcla entre Justin Timberlake y Joe Jonas. Atención al elegante solo de guitarra eléctrica durante el bajón del final. Probablemente sea mi canción favorita, en parte porque me “llega” mucho ese pre-coro:

These late nights got me low

No, we haven't talked

But I gotta know for sure (For sure)

Does he put it on ya? Make you feel on one? (On one)

Hey, 'cause everything changed, babe (Everything changed)

When he walked your way, babe

 

Le sigue otro temazo con ritmo house titulado Lies donde escuchamos a John rapear (por primera vez) una historia de ruptura y posterior revancha, aunque el coro se mantiene melódico (“You found some company while she's in bed with me / I know that it's fucked up”). Me encanta como de nuevo el ritmo se calma en el segundo verso hasta el final; sin duda otro momento cumbre del álbum. If You Love Me lleva mucha influencia vocal de The Weeknd y nos remonta al dance-pop de los 80, mientras Emotions tiene una sonoridad similar pero tirando más hacia el funk y respaldada por ligeros riffs de guitarra electroacústica. Ambos temas nos adelantaban la dirección musical que John tomaría en su siguiente trabajo Cult Classiqué. Luego de un breve y gracioso entreacto (Intermission) llega Nothin In The World, otra balada romántica (ojo a su inmaculado falsete cuando canta: “If I ain't got you, I ain't got nothin' in the world”) con intermitente piano y violines que no desentonaría en un disco de Donny Hathaway. En All Day resalta su dedicación a la música y trabajo duro (“I'm just like Rocky, beat it up and get up in it (Yeah)”, rapeando como su “mentor” Logic y cantando parecido al del rey del Pop (“Sound like Michael in that white coat (Ayy‚ ayy, hee-hee)”) sobre un suave sintetizador y ese intenso beat sincopado. Clouds parece un tema trap perdido de Trey Songz o Chris Brown, no destaca mucho; la letra dice que su chica lo tiene “en las nubes”. Chicago trae una producción más apacible mientras su voz vuelve a tomar el protagonismo al describir cómo se siente caminar de noche por la ciudad (“I'm sorry, walkin' through the city got me in my feelings right now”). Para el final deja las canciones más interesantes, empezando por Idols, la cual está dividida en 3 partes, cada una con instrumental diferente donde John agradece (rapeando) a personas que lo ayudaron en su carrera musical hasta ese momento (“I gotta thank L.A. Reid, JT, L-O-G-I-C For everything you seen in a younger me”). El tema se mueve entre el R&B típico de los primeros 2000 (la introducción me recuerda a Boys 4 Life de B2K) y la balada a piano. Curtain Call sigue esa misma tónica suave, en la que el rapero Conor Michael Smith narra un discurso inspirador (“I've been a diamond, I don't need any pressure / My life's a puzzle, I'm just trying to put my pieces together, uh”) y Lindahl cierra por todo lo alto revindicando su determinación de alcanzar el éxito (“Someday, they'll say / Someday, everybody's gonna know your name”) acompañado por una épica sección de ópera rock tipo Queen.

Siento haberme extendido tanto con un disco de solo 46 minutos, pero hay ciertas obras que requieren un comentario ampliado, especialmente en este lado desconocido del Pop/R&B, como mismo hice con Eric Bellinger y Charli Taft. En el caso de Opening Night es difícil explicar qué lo hace tan bueno (sólo entenderás cuando lo escuches), pero creo que puedes ponerlo cómodamente al lado de los mejores álbumes de Chris Brown, The Weeknd o Bruno Mars. El mayor acierto de John es su extraordinaria capacidad para combinar diferentes géneros (Rock, Hip-Hop, House) dentro del Pop, además de ser tremendamente talentoso: rapea y baila decentemente, además de producir, componer y cantar como los mejores. Oh sí, olvidé decir que él produjo y compuso todos los temas, pueden chequear parte del proceso de grabación en su canal de Youtube. Si bien Opening Night es un extraordinario debut, lo mejor del artista llegaría tres años después con Cult Classiqué, del cual hablaré en algún momento.



¹Opening Night: The Complete Score* es una edición reeditada del álbum debut de John Lindahl, *Opening Night*. John ha mencionado que esta era la lista de temas prevista para el álbum estándar, pero que, debido a problemas con el sello discográfico, se eliminaron Overture y Intermission. Finalmente, fue publicado en su totalidad el 29 de mayo de 2020.


martes, 17 de marzo de 2026

Sermon to the Lambs - Sermon to the Lambs (2026)

 


Acá vemos el mejor ejemplo de por qué no puedes confiar en ciertas revistas y blogs (AMG) cuando hablan de Brutal Death Metal. Algunos simplemente tienen un serio problema con él. Nunca verás un disco de este subgénero en una de sus listas de lo mejor del año. Y encima tienen la mala manía de llamarle Slam a todo, inclusive a este disco, cuando nada que ver. En realidad Sermon to the Lambs tocan un Brutal Death bastante rápido y sin concesiones, como es habitual en bandas de la disquera Comatose Music. La mayoría de ellas no dejan espacio para pasajes lentos. Si has escuchado a Atrocious Abnormality, Strappado o Lust Of Decay sabes de lo que hablo. De hecho, acá el primer slam aparece en el quinto tema Saints Are Centurions of an Aristotelian Christ y luego quizás haya dos o tres más, realmente son escasos. El tempo se mantiene alto gracias a una batería aplastante que no para de taladrar con múltiples tipos de blast beats y un omnipresente doble bombo. También hay rapidísimos redobles de caja en Scourging at the Pillar y Flagrum Taxillatum. Eso sí, la ejecución es algo mecánica y sin apenas rellenos (fills) de los toms. El aspecto que separa un poco a Sermon to the Lambs del resto son esos riffs trémolos con los que introducen melodías muy oscuras y memorables, sin sacrificar nada de brutalidad. En ese sentido recuerdan a Whore Of Bethlehem, otro fichaje reciente de Steve Green (propietario de Comatose), pero ellos tiran más hacia el Blackened Death, mientras los chilenos alternan los trémolos con muchos chugs fragmentados, marchas rompecuellos y diferentes grooves que paran y arrancan y que terminan redondeando unas canciones bastante variadas. El tema más completo y que mejor combina todos los elementos mencionados es Flagrum Taxillatum. Reconozco que la voz de Richard Aguayo es monótona, pero no espero otra cosa de una banda de Brutal Death y sus guturales profundos no tienen nada que envidiarle a los de otros excelentes vocalistas como Alex Paul (Organectomy) y Haruka Kamiyama (Trumatomy). La portada es la típica de Par Oloffson con un monstruo en el centro y el pasaje desolado de fondo, aunque esta vez usa tonos verdes en vez de sus habituales blancos. Para finalizar quiero reprenderlos por revivir esa maldita práctica de poner un silencio de varios minutos al final del último tema para que el metraje llegue a la media hora. No me gusta reseñar discos muy recientes porque se siente como escribir una primera impresión en vez de un análisis profundo, pero me jode tanta desinformación que leo por ahí. Sermon to the Lambs no es una banda de Slam, sus composiciones no están lo suficientemente basadas en esos riffs lentos (slams) para ser incluida dentro del subgénero. Este debut más bien suena como si pusieras en una coladera a Disgorge (USA) con un poco de Deicide y una pizca de Morbid Angel.


jueves, 26 de febrero de 2026

Dmitry Demyanenko - Insomnia (2016)


 

[DÉCIMO ANIVERSARIO]

Este año quiero seguir reseñando algunos de mis discos favoritos que cumplen aniversario cerrado. Por mi cuenta son 17, vamos a ver cuántos logro reseñar a tiempo. Probablemente me concentre en los que considero más importantes para la escena metalera en general. De momento no reseñaré el Dystopia (2016) de Megadeth que fue en enero ni Retrogore (2016) de Aborted porque ya he hablado de la banda varias veces. Bueno, mejor voy entrando en el tema de hoy. Dmitry Demyanenko es un guitarrista ruso que empezó su carrera en 2010 con la banda Shokran, que alcanzó un reconocimiento moderado entre los seguidores del deathcore/metalcore underground. Yo no lo conocía, pero vi este álbum debut anunciado en alguna página de noticias y enseguida lo descargué pues estaba obsesionado con Animals As Leaders y trataba de escuchar todo lo que se le pareciera. El ruso es el típico shredder contemporáneo, o sea, toma mucha influencia del djent y no tanto del rock clásico, el metal neoclásico o el blues como los virtuosos de antaño. El djent se caracteriza por la afinación grave de las guitarras, riffs/chugs palmuteados y abundantes ritmos complejos (usualmente sincopados). Reconozco que a veces las bandas del subgénero abusan de estos recursos (sobre todo los dos últimos) y llegan a aburrir a mucha gente. Por suerte Dmitry no lo hace y, a pesar de usar múltiples cambios de tiempo y pasajes intrincados, cada canción tiene sonidos electrónicos diferentes, además de un memorable riff principal al cual aferrarse. Por momentos el álbum tiene cierta aura navideña debido al constante acompañamiento de teclados y campanillas/cascabeles, y la inclusión de breves interludios ambientales brinda una excelente sensación de fluidez entre las piezas. En general los riffs no son demasiaaaado complejos pero sí diversos rítmicamente. Los hay “intermitentes” (The Marionette) y “saltarines” (Face With No Scars, Riding The Stars) muy propios del djent, y otros más lentos y pesados (Sleepless Nights, Hero Of A Silent Movie) similares a los de su banda Shokran. Así todo, Dmitry deja ver algunas influencias clásicas en The Morphinist, que recuerda al Steve Vai más animado de temas como The Animal o Juice, y también en Inexplicable Modern Life, donde hace un excelente uso del pedal wah en los solos principales del tema, muy al estilo del maestro Joe Satriani (escucha Searching). A propósito, hay muchísimos solos en Insomnia, la mayoría son rápidos y enrevesados, pero entregados con un tono claro, ligero y a veces sintético (parecido al teclado/sintetizador de Jordan Rudess), en los que Demyanenko muestra gran versatilidad y destreza como shredder. Aunque disfruto mucho de estos, realmente mis favoritos son los de Hero Of A Silent Movie y Sleepless Nights que poseen una textura más simple y melodiosa. Resumiendo, Insomnia es un trabajo entretenido y disfrutable que no requiere de muchas escuchas para apreciarlo, pues Dmitry y su baterista Mikhail Isaev nos entregan (sólo) 30 minutos de buena música que se van en nada. Especialmente recomendado para fanáticos del metal progresivo instrumental.

 

 


domingo, 8 de febrero de 2026

David Calzado y su Charanga Habanera - Subiendo La Parada (2018)

 

Hace 3 años me reencontré con la Charanga Habanera a raíz del 20 aniversario de una de sus obras más celebradas: Soy Cubano Soy Popular. Enseguida la curiosidad me llevó a repasar el resto de su discografía y por suerte encontré algunas joyitas, entre ellas este Subiendo La Parada. Al parecer se mantiene buena parte de la alineación de Vivito y coleando (2015), el cual a mi entender no merecía una nominación al Grammy Latino. El tema título no es el mejor comienzo pues cuando el director David Calzado se pone a cantar es lo peor que le puede pasar a la Charanga. Él quiere ser Alexander Abreu (Habana D’ Primera) so bad pero no le llega, por eso al menos tiene la decencia de hacerlo sobre un ritmo medio rumbero, por lo que habla más de lo que canta, y así no molesta tanto. Pero no te preocupes porque el grueso de las vocales se concentran en dos cantantes más que decentes: por un lado está Alexis Zamora (alias Samurái) con una proyección sobria que funciona bien en varios géneros, y por otro Yaliesky Zaldívar, portador de una voz cálida y melodiosa que recuerda al legendario Leoni Torres, salvando las distancias. Ambos sorprenden gratamente en la balada Amigos. Por la parte instrumental, el álbum tiene una sonoridad timbera típica, con predominio del tecladista Helder Rojas, base rítmica salsera muy marcada y fuerte presencia de metales (trompetas). Esto se constata en la autosuficiente Llegó papá (“pa que tú quieres que me caiga si yo nunca me he caído”) y la dicharachera La rikichula (“yo me quedo con mi pura, rikichula, con mi temba”), pero también en otros temas de corte más suave y romántico como Ángel, Te Siento Venir (donde imitan el I feel it coming de The Weeknd) y la semi-balada Amantes junto a Melani Kap. Asimismo hay espacio para la experimentación en el centro del álbum, con la salsa-pop despechada Vete de aquí (“que te vaya bien, que te vaya mal, que te vaya de cualquier manera”) y otras 3 canciones donde combinan muy bien su característica “fórmula charanguera” con una especie de “reparto electrónico” propulsado por un potente sintetizador que lleva la pauta. Entre estos últimos destaca uno de mis temas preferidos de la Charanga en mucho tiempo: Si la cabeza le dice a los hombros (bonito videoclip) que incita a “gozar la vida” a ritmo de reparto y kisomba (tramo final). Aparte del mencionado tema título, el único punto bajo a mi entender es la vulgaridad presente en algunas canciones (La rikichula, Traicionera), que también dejan frases embarazosas y al mismo tiempo graciosas y memorables como “al que no le gusta le doy teni(s)”.

Subiendo La Parada es un álbum disfrutable que debería complacer a todos los fanáticos de la Charanga y también a otros consumidores de nuevas tendencias musicales (sí, los reparteros). Y digo “debería” con toda intención pues realmente pasó sin pena ni gloria entre el público en general. Esto quizás se deba a que no tiene un tema “matador” (El Bony, Un disparo en la mirada, Gozando en la Habana, entre otros) o a la falta de un cantante con más carisma y capacidad vocal tipo Leoni Torres o Michel Maza. Quién sabe. Pero el hecho de que la banda no se pegue no es necesariamente sinónimo de decadencia musical. De todas formas este es su mejor disco desde, por lo menos, Acabadito De Nacer (2013). Por supuesto, todavía está lejos de obras maestras como Soy Cubano, Soy Popular (2003) y No Mires La Carátula (2009). No me parece que las propuestas salseras más populares de aquella época (Maykel Blanco y Havana D’ Primera) fueran muy superiores. Igual hablo un poco desde la ignorancia, no estoy familiarizado con esas orquestas más allá de algunos sencillos promocionales. Pero para mí la Charanga Habanera juega en otra liga, con su irreverencia timbera de siempre, buena química entre los cantantes, una excelente sección de metales y ese tino de David Calzado a la hora de componer arreglos innovadores y mezclar estilos diferentes.

Últimamente no he querido dar muchas valoraciones personales usando adjetivos “vagos” (bueno, malo), prefiero concentrarme en describir la música de forma rápida y concisa; ojalá tuviera más conocimientos musicales para hacerlo mejor.



jueves, 29 de enero de 2026

Sepsism - Demo 1993 (1993)

 


Sepsism fue una banda de Brutal Death Metal formada en 1990 por algunos californianos que, viendo las caras y los apellidos (Hernández, Ávila, Menéndez) me atrevo a asegurar que son de origen mexicano. Este Demo 1993 es otra muestra más de por qué casi no escucho demos, especialmente de los noventa hacia atrás. Para empezar, ¿qué onda con el nombre?, es demasiado genérico, ni siquiera se les ocurrió ponerle el título de una canción. La portada tiene muy mala pinta: una foto chafa en blanco y negro, rectangular (formato de cassette), con el logo de la banda demasiado grande en la esquina izquierda, tapando media cabeza de lo que parece ser un tipo carbonizado por los rayos omega de Darkseid. La música tampoco es para tirar cohetes: Sepsism tocaba un estilo a caballo entre el Death Metal y el Brutal Death, bastante simplón y con algunos guiños al grindcore. Básicamente esto lo que obtienes cuando escuchas a Cannibal Corpse, Napalm Death, Carcass y Suffocation una vez y decides mezclar su sonido sin darte tiempo suficiente para asimilarlo del todo. Como muestra la abridora Punctured Internal Organs, que empieza “reinterpretando” el legendario inicio de Infecting The Crypts, pero más lento y repitiendo las puñaladas (stabs) unas 4 veces; a continuación la canción se acelera con blast beats y riffs deathmetaleros, luego meten un breve solo de bajo seguido por aburridas marchas. Y ese es el mejor tema… Las demás canciones tienen más o menos el mismo rollo (solo cambian el orden de las partes lentas y rápidas) y pasan sin pena ni gloria, no vale la pena hablar de ellas. Para colmo la ejecución es un poco desprolija, esto bien podría ser la grabación de un ensayo. Lo único medio salvable acá son los decentes guturales del vocalista Fernando, principalmente al final de Discarded Remains. Y por supuesto, lo peor de todo es la terrible producción: guitarras graves pero opacas y emborronadas, sin apenas definición, la batería enterrada en la mezcla, hay un molesto hiss de fondo, a veces el sonido se corre hacia la derecha… en fin, un desastre. Me parece increíble que se atrevieran a vender productos así. No la estoy tomando con Sepsism, esta mini-reseña refleja mi desagrado por los demos de aquella época en sentido general. Siento que la gran mayoría tiene una calidad cuestionable, sobre todo en el aspecto de la producción. Y no soy el único que lo piensa. Nadie dice: “el demo _______ es uno de mis álbumes preferidos”. Ok, quizás exagero porque existen algunos adictos al formato, entre ellos los youtubers Jimmy From The Block y J Dawg. Y sé que hay demos legendarios como Triumph of Death (Hellhammer), No Life 'til Leather (Metallica) y Wrath of the Tyrant (Emperor), pero son apreciados más por ser bloques primigenios de sus respectivos sub-estilos que por la música en sí. En defensa de Sepsism diré que mejoraron considerablemente en su disco debut Purulent Decomposition, pero este trabajo recomiendo saltárselo.


sábado, 3 de enero de 2026

Gridlink - Perfect Amber (2025)

 

Posiblemente la mejor sorpresa del 2025… Gridlink fue (¿es?) un grupo estadounidense de Grindcore fundado por Jon Chang en 2004 como sucesor estilístico de su anterior proyecto Discordance Axis, que revolucionó el género con The Inalienable Dreamless a principios de siglo. La banda se ha “retirado” oficialmente unas 2 o 3 veces, pero por suerte parece que se rehusa a morir, pues a cada rato sorprenden con algo nuevo. Hasta ahora han sacado 4 discos impecables y Perfect Amber es una compilación remezclada de los dos primeros (llamados Amber Gray y Orphan), que también incluye pistas adicionales de guitarra y bajo. Sería 2011 o 2012 cuando logré conseguirlos y enseguida sentí que no había escuchado algo tan excelente desde World Extermination (2007) de Insect Warfare, aunque eso no es mucho decir porque no soy ávido consumidor de Grindcore. El título del álbum y la portada con la máscara blanca en primer plano parecen insinuar que Amber Gray es el mejor de los dos, pero esto no es necesariamente cierto como veremos más adelante.

Gridlink presenta un Grindcore muy rápido (duh) y técnico que se desentiende bastante de sus raíces hardcoreras y punketas, pues no hay ritmos skank (o d-beats) ni breakdowns. Acá se cumple la frase “menos es más”: ellos saben que resulta difícil mantener simultáneamente altos niveles de intensidad y calidad durante mucho tiempo, por eso condensan 24 brutalísimos temas en solo 23 minutos. Los tipos solo quitan el pie del acelerador en puntuales ocasiones para meter variedad de ritmos muy intensos (FlatWorlder, Thorn Farmer) o brevísimas secciones donde paran y arrancan (Black, Orphan y Embers, Blood, and Treasure). Al mismo tiempo, la complejidad de los arreglos les permite plasmar muchas ideas en canciones inferiores a los dos minutos, logrando que parezcan más largas. Al final todas impresionan, destacar una en específico sería inútil. Y ni hablar de la producción. También los músicos son de primer nivel: Brian Fajardo es un perfecto blasteador, que además descuella con pequeños rellenos y redobles durante los cambios de tiempo, mostrándose especialmente descomunal en Pattern Recognition. Por su parte Jon Chang casi no para de emitir chillidos tremendamente agudos y desgarradores (no entiendo cómo no se destroza las cuerdas vocales); a veces lo hace tan rápido que parece saltarse algunas letras. Su estilo de escritura es poético, abstracto, violento y melancólico, siempre inspirado en animes y mangas:

Baptized in used up turpentine

Bleaching yourself with bile

The new gold standard of death

A schedule 1 narcotic

Veiled in ceremony

Driven by a good shepherd

The only things that I know

Have been fucking cut in me

A vessel for the lord, used up and thrown away

Take what you can till the lie comes to an end

Your fucking straw men burnt in place

At the crown of Everest

 

El bajo de Mauro Córdoba no se distingue muy bien, pero aporta una sólida base de bajas frecuencias para las guitarras. Sin duda Gridlink es un equipo de ensueño, pero Matsubara y Rory Kobzina son quienes brindan ese toque técnico tan peculiar al combinar excelentes riffs de muchas notas, algunos casi a modo de solos (AntiTheist, The Jenova) y trémolos que bajan por el mástil (Pattern Recognition, Burning Tiamat, Hearts), así como otros de corte blackmetalero más tradicional (Stake Knife, Severance Package) reminiscentes de Marduk y primeros Behemoth. La segunda mitad (perteneciente al disco Orphan) se distingue por tener un sonido algo más “lleno” y cálido que la primera, mientras Chang experimenta con diferentes voces, como gritos rasgados tipo Shagrath (Deliverables, Scopedog) y otros parecidos a rugidos de wendigo (Orphan, Cargo 200, FlatWorlder). Para cerrar incluyen versiones “karaoke” (o sea, instrumentales) de todas las canciones, algo habitual en ellos y que me sigue pareciendo gracioso¹.

Perfect Amber es un disco que NECESITABA y no lo sabía. Ya estaba bastante conforme con las producciones originales, pero escuchar por primera vez esta regrabación/remasterización fue casi una epifanía. Este ámbar realmente es perfecto. Ah, feliz año nuevo.



¹Te reto a cantarlas como Jon Chang, apuesto que te quedarás sin voz antes de llegar a The Jenova.