miércoles, 9 de septiembre de 2026

Haley Reinhart - Lo-Fi Soul (2019)

 

 

Recuerdo que a Haley la escuché por primera vez en un video del youtuber Z Reviews donde puso la versión de Creep interpretada junto a Postmodern Jukebox. Ella es un caso parecido al de John Lindahl: quedó tercera en la décima edición del concurso American Idol y enseguida la multinacional Interscope la fichó para luego desecharla debido a las bajas ventas de su álbum debut. Bueno, al menos logró grabar algo, al contrario del pobre John. Ahora me doy cuenta de que tengo afinidad hacia cantantes abandonados por grandes discográficas; ya hablé también de Tinashe e iré agregando otros nombres a la lista.

En Lo-Fi Soul Haley cambia su sonido luego de dos discos Pop. El álbum presenta una buena mezcla de Jazz, R&B (viejo), Soul, Blues y Rock. Algunos dicen que suena a Amy Winehouse, y sí tiene su parecido, pero el grueso de sus influencias vienen de más atrás: Aretha Franklin, Ella Fitzgerald, Etta James, Elvis Presley y las bandas de los años 60 y 70 que covereó en su anterior disco What's That Sound? (2017). Se notaban esas influencias, pero Listen Up! (2012) y Better (2016) estaban más emparentados con el Pop de Jesse McCartney y Natasha Bedingfield. Quizás éste es el sonido que siempre quiso hacer e Interscope no la dejaba. Algo así deja entrever en el tema título, cuando canta “I've got a lo-fi soul, or so I've been told / Taken back by the days of old / Sendin’ chills right to my bones” acompañada de suaves palmadas, una pandereta y acentuadas líneas de bajo. La canción también tiene ligeros niveles de distorsión de fondo, dando la impresión de estar escuchando un vinilo. En sus letras suele tratar los tópicos habituales de desengaño (How Dare You), reconciliación (Crack The Code), amor (Shook, Lo-Fi SoulStrange World, Don't Know How To Love You) y desamor (Broken Record). Por su forma de escribir parece tener la cabeza bien puesta sobre los hombros (no es tóxica ni posesiva), amén de mostrar algunas contradicciones. Sólo oye como pasa de “I don't need / Never needed much you see” (Lay It Down) a “Baby, tell me, where are you taking me next? / Is it Greece or in RomeA vacation at home/ I don't want normal 'cause that's been done” (Honey There’s The Door) en menos de 3 minutos. Volviendo a la música, la abridora Deep Water (mira ese maravilloso videoclip) ya presenta una muestra de las fusiones que escucharemos a continuación y al mismo tiempo tal vez sea la que guarde más similitudes con sus trabajos anteriores. Le sigue esa fresca combinación de doo-wop y modernos trap beats/808’s llamada Oh Damn, donde sus registros se tornan más expresivos. Y es que Haley tiene una voz muy educada y agradable al oído, y puede pasar con facilidad  de un tono muy dulce a otro áspero/rasgado tipo Janis Joplin o la mencionada Amy Winehouse (Don't Know How To Love You). Sin embargo, algunos temas se me hacen un poco tediosos precisamente porque se “cuelga” demasiado de su voz en varios momentos a capella o con mínima instrumentación, como en la balada a piano Some Way Some How, la acústica Crack The Code o en Lay It Down, donde casi todo se reduce a ella y un órgano. Los 3 representan ese tipo de música inofensiva de fondo que sueles escuchar con desinterés en un bar o restaurante caro, hasta que aguzas el oído y piensas “wow, esta chica canta realmente bien”. Por eso prefiero otras canciones más animadas que tienen excelente musicalidad y/o cadencias vocales interesantes, entre ellas la inusual Strange World, en la que el uso del ukelele le aporta una atractiva vibra hawaiana, la blusera Shook que presume de un chulo solo de guitarra eléctrica Broken Record, con ese sedoso teclado ochentero y una vibrante batería, mientras Haley sostiene las notas el tiempo justo al final de cada verso del coro (“Didn't your mama tell you not to goooo”).

Haley Reinhart tomó un gran riesgo con Lo-Fi Soul al tratar de abarcar varios géneros, pero se puede decir que el experimento le salió bastante bien: se mueve con soltura entre ellos sin perder personalidad, y es una representación más fidedigna de quién es ella como cantante. Incluso ha modificado sus viejos temas para adaptarlos a los lugares donde se presenta hoy (bares, restaurantes, teatros). Con 49 minutos se me hace un pelín largo por esos 3 o 4 temas en los que la composición (me parece que) no termina de cuajar. Al final, disfruto mucho del álbum, pero no tanto como de los otros 3¹.

¡Feliz cumpleaños Haley!

 


¹Listen Up!, Better y Off The Ground (2022), no cuento el de versiones.


lunes, 10 de agosto de 2026

Rose Red Flechette - The Destruction Myth (2018)

 

En 2018 de repente me dio por escuchar música electrónica experimental (no bailable) y me puse a buscar de forma aleatoria en algunas páginas especializadas. No sé si fue suerte pero me gustaron los primeros proyectos que escuché, entre ellos THE OBSIDIAN, SINERIDER y este ROSE RED FLECHETTE, del productor Connor Murray. The Destruction Myth es su quinto disco y se compone de 8 mastodónticas pistas de más de 12 minutos que se enlazan para crear una sola canción de 118 minutos. Su estilo tiene un poco de varios subgéneros extremos de la música electrónica como Psy-Trance, Brakcore y Speedcore, o eso dicen, a mí me cuesta diferenciarlos. A mí me viene a la mente el término “Horrorcore”, pero ese es un subgénero del Hip-Hop. Aunque el álbum es instrumental, su concepto gira alrededor de tópicos contemporáneos preocupantes como la desconfianza en la prensa, la indiferencia de los humanos con respecto a la naturaleza y lo peligroso de las dictaduras y la inteligencia artificial, según se describe en su página de Bandcamp. El sonido es bastante oscuro, lleno de arañazos, chirridos, tonos distorsionados y sombríos sintetizadores que entregan una atmósfera opresiva y apabullante. No recomiendo ponerlo de fondo mientras te entretienes en otra tarea, esto requiere toda tu atención para poder apreciar todos sus matices, pues hay muchas cosas pasando al mismo tiempo. La base rítmica incluye una potente caja metálica que generalmente marca un tiempo lento y constante¹, y un destructivo combo de múltiples micro tonos que golpean con rapidísimos ritmos sincopados. Por suerte Connor sabe aprovechar todo el abanico de posibilidades que brinda el buen uso de la polirritmia, incluso manejando tiempos aceleradísimos que en ocasiones sobrepasan los 200 BPM. A veces la música se detiene por breves instantes para cambiar ligeramente los ritmos y agregar ciertos sonidos, desde dispositivos de comunicación tipo modem, notas de 8-bits (Penetrative) y tímidas percusiones tribales (Demagogue Demi God), hasta un torno dental (The Singularity Process). Las composiciones son bastante dinámicas, con “melodías” reconocibles que mantienen esa aura sintética, sombría y futurista típica de RRF. Además, casi todas las pistas comienzan y terminan de una manera calmada, lo que permite empalmarlas fácilmente sin que se note el cambio, y de paso dando una buena sensación de fluidez. Todo esto ayuda a que el resultado sea bastante coherente y entretenido, y eso en un álbum de casi dos horas es algo que se agradece. Aun así es una escucha agotadora. Generalmente empiezo a cansarme alrededor del sexto tema, cuando llega la hora y media y sé que todavía quedan más de cuarenta minutos de disco. The Destruction Myth bien podría utilizarse como la banda sonora de una película de terror espacial (The Thing, Skyline), o de ciencia ficción al estilo Matrix o Terminator. Este es el tipo de música que haría la Inteligencia Artificial un siglo después de acabar con los humanos. Los únicos vestigios de humanidad en el disco son algunos cánticos y voces alteradas digitalmente que susurran palabras incomprensibles casi con tono de advertencia.



¹creo que es ¼, pero corrígeme si me equivoco

 



viernes, 17 de julio de 2026

Drake - Iceman (2026)

 


Trataré de hacer esto rápido, ya que es el disco más comentado del 2026. Y ya conté mi historia con el artista, no la repetiré acá. No seguí mucho la campaña de promoción de ICEMAN, solo vi el primer episodio en vivo en Youtube, que me pareció novedoso, pero no tanto como para checar los 3 siguientes, ni el espectáculo del 15 de mayo en Toronto. Además, esos trucos publicitarios no me funcionan: para mí, la música es lo más importante. En aquel episodio estrenó el primer sencillo What Did I Miss, el cual terminó siendo el peor tema del álbum, con una letra quejosa y un trap beat demasiado plano (parece un demo), acompañado por inofensivas trompetas. La recepción a ICEMAN para mí es el ejemplo perfecto de cuán contradictorios pueden llegar a ser los fanáticos del Hip-Hop (no tanto los seguidores de Drake, ya llegaré a ellos). Siempre les he escuchado decir: “el artista debería expresar con sinceridad cómo se siente en el momento”, pero cuando él hace precisamente eso lo critican porque no es como ellos querían que se sintiera. No me extenderé en este punto, lo menciono porque es el aspecto más criticado del disco. Por mi parte no me molesta mucho la dirección combativa de Drake en ICEMAN, pues en cierto sentido es lo que esperaba: un Scorpion 2.0, o sea, otro trabajo creado a partir de una “derrota” lírica y más centrado en rapear que en cantar. De nuevo la mayoría de sus respuestas constantemente cruzan la línea entre ofensiva y defensiva, y a mi parecer son bastante comprensibles desde su punto de vista. Además, algunas están hechas con tanta inventiva que todavía muchos fanáticos están descifrando su significado y otras han resultado ser proféticas: Rick Ross vuela en clase económica, Kendrick Lamar sigue recibiendo premios que no merece y Lebron volvió a cambiar de equipo. El problema viene cuando tu contenido es tan limitado y dedicas 18 canciones (casi) exclusivamente a un solo tema (tirarle a todos tus enemigos), llegas a un punto en que saturas al oyente. Por suerte no todo el contenido de ICEMAN es monotemático, en ciertos momentos de la serie Make Them se sale un poco del guion, mostrándose más maduro e introspectivo. Otro problema es la ingente cantidad de símiles que dejan varios momentos penosos como “I rack up a tab in Chanel 'cause I do buy everything like I'm Middle Eastern” (Make Them Cry) o “If a Rolex I want 'bout to drop I reserve the shit like I'm indigenous” (Make Them Know). Para colmo también a veces se contradice. Por ejemplo, en Dust rapea “I don't remember one word in your raps”, pero se pasa todo el tiempo respondiendo a esas letras, y en Make Them Know primero dice “I'll never forget that July, The worst that I felt in a while” y trece segundos después espeta “I still haven't lost any sleep”… En su defensa debo reconocer que casi todos los raperos se contradicen, empezando por Kendrick. Pero el punto Nemo de ICEMAN son los invitados: en Ran To Atlanta regresa Future con sus incomprensibles balbuceos y la joven Molly Santana peca de repetitiva, mientras 21 Savage recita una mísera línea más dormido que de costumbre en B’s On The Table. Por suerte ninguno llega a arruinar la canción del todo. En cuanto a la música en sí, reconozco que es tan buena que casi le perdono todo lo demás. Evidentemente Drake tiene una fórmula muy exitosa que nadie ha podido copiar, y es increíble lo que puede lograr con las ideas más simples. Ningún otro artista puede hacer canciones tan sencillas, pegajosas y originales como Janice STFU y Shabang. Mucha gente dice “I prefer Drake with the melodies”, pero yo no porque su rango vocal es limitadísimo y no queda bien en algunos temas que requieren registros altos, ya lo vimos en $$$4Y. Por suerte acá canta poco y pasa la mayor parte del tiempo rapeando con su característico flow conversacional sobre suaves boom bap beats y extractos vocales (de R&B) modificados o usa el triplet flow (rápido o lento) típico del trap. La verdad se escucha confiado en todo momento, incluso cuando cambia de flow o dice una soberana pendejada. La certera producción de 40, Boi-1da, Conductor y otros es lo que hace más potable el álbum, ayudándonos a soportar la saturación de barras. El crítico Shepgold lo explica muy bien: el sonido del canadiense mantiene su tono oscuro y reduccionista, enfocado en su voz y las frecuencias bajas, y condensando una gran cantidad de energía en un solo punto. Ese sello también se mantiene cuando hace abruptos cambios de beats (Dust, Burning Bridges, National Treasures), excepto en mi tema preferido, 2 Hard 4 The Radio, que tiene un sonido festivo más propio de la costa oeste. Realmente ninguna canción tiene desperdicio (excepto What Did I Miss), aunque yo hubiera movido Little Birdie y Don’t Worry a su otro disco HABIBTI (lanzado el mismo día), de corte más R&B. Vaya, entre una cosa y otra me he extendido demasiado, necesito terminar la reseña, aunque quedan muchas cosas por decir. En general me gusta ICEMAN, pero no me veo volviendo a él muy seguido. Entiendo que para los fans de Drake es un discazo, y de verdad me alegro de que no tengan que pretender que les gusta, como hicieron muchos con Honestly, Nevermind. Por otra parte, si lo odias significa que definitivamente no te gusta Drake, pues es su álbum más centrado desde If You Reading This It’s Too Late.

domingo, 28 de junio de 2026

Paradox - Mysterium (2025)



La expresión “banda infravalorada” es muy sobre usada, pero pocas veces ha sido tan merecida como en el caso de Paradox. Para poner un poco de contexto debo empezar diciendo que para mí los alemanes tienen una de las mejores discografías del Thrash Metal. Estoy hablando de un hipotético Top 10, y si me apuran hasta los meto en el Top 5, allá arriba en el Olimpo del género junto a Testament, Overkill, Kreator y Sodom. Tan buenos son que quizás me anime a conseguir un parche de su logo para mi chaqueta. Ellos quizás nunca han sacado un 10, pero sus discos siempre se mantienen en un rango entre 8 y 9. Asimismo, Paradox se encuentra entre esos grupos subvalorados que (a mi entender) no alcanzaron un mayor éxito por ser demasiado extremos para los fans del Heavy/Power Metal, pero no lo suficiente para los fanáticos del Thrash Metal. Se podría decir que su estilo es más “cañero” que “pesado”. Otros ejemplos similares serían Iced Earth, Razor y Flotsam & Jetsam.

Inicialmente iba a reseñar su disco Pangea (mi introducción a la banda) en junio con motivo de su décimo aniversario, pero al final me pareció mejor hablar de este Mysterium, lanzado en septiembre. Desde la primera escucha lo sentí un poco raro. Lo primero que noté es el sonido tan comprimido en general, como si estuviera mezclado en mono. Y no es debido a “la guerra del volumen” pues el álbum tiene buen rango dinámico (DR9), sino que los instrumentos no están bien separados en la mezcla. Sin dudas es la mayor pega de Mysterium, sin ser algo excesivamente grave. Además, el tono de las guitarras es bastante estéril. Mi otro problema fue con los riffs: al principio varios me resultaban un poco unidireccionales y casi se difuminaban en el fondo, en parte porque se repiten bastante. Intrigado, me puse a buscar los créditos y para mi sorpresa descubrí que, debido a difíciles circunstancias (salidas de varios miembros y muerte del baterista Alex Blaha), el fundador Charly Steinhauer tuvo que encargarse de casi todo: composición, grabación de voces, bajo, guitarras, programación de batería¹ y hasta la producción. Entonces entendí. Porque claro, usualmente menos cabezas pensantes conllevan resultados mediocres. Con todo, creo que Charly supo adaptarse bastante bien y salvar los muebles. Tanta confianza se tuvo que llevó el disco hasta casi la hora de duración, entregando temas largos que oscilan entre 5 y 7 minutos. La “banda” mantiene su clásico sonido: un cóctel de Speed, Power y Thrash Metal, pero ahora con regusto ligeramente áspero y mecanizado similar al de los últimos trabajos de Dark Angel (gracias a Dios NO TAN PLANO) y Testament. No obstante, el álbum fluye bien, alternando una mayoría de cortes muy intensos con otros que se decantan por un Heavy Metal tipo Judas Priest y Metal Church (tema título, Within The Realms Of Gray y Pile Of Shame), además de intercalar dos breves instrumentales (Grief y Tunguska) que aportan algo de respiro. La voz de Steinhauer se ha ido suavizando hasta llegar al tono agradable y melódico actual que recuerda una mezcla entre Hansi Kursch (Blind Guardian) y un Bruce Dickinson (Iron Maiden) más terrenal. Sus estribillos tienen un gancho tremendo, en especial los de Those Who Resist, Pile Of Shame y el de la brutal abridora Kholat, que resalta porque la canción no disminuye su velocidad durante esa sección. Pero las guitarras siguen siendo el punto fuerte de Paradox, con ese particular estilo de riffeo rápido y seco que comúnmente agolpa en varias pistas/capas para amplificar su poder. Vamos, vamos, Charly es uno de los mejores en esto. Mi tema preferido es One Way Ticket To Die con ese sencillo riff² principal sobre el galope rápido de la batería que me mantiene moviendo la cabeza horizontal y verticalmente. The Demon God es otro corte intenso donde los haya, que inicia con un pesado ritmo ascendente a lo Chimaira. Por otro lado está Abyss Of Pain And Fear, más progresiva en su composición, con un calmado puente central, algunos machaques y ligeros toques melódicos del Kreator moderno. El contenido lírico escrito por Achim Hömerlein es una pasada, ya que gira en torno a temas interesantes como la interpretación de los sueños (Mysterium), la guerra (Fragrance Of Violence), la reencarnación (Within The Realms Of Gray) e historias que poseen un toque de misticismo, entre ellas la expedición Diátlov (Kholat), El expreso de medianoche (Abyss Of Pain And Fear) y el incendio del edificio Reichstag en 1933 (Those Who Resist).

Y esto es Mysterium, a grandes rasgos. Siendo sincero, al principio pensaba que el disco suponía una pequeña manchita en el expediente de Paradox (sobre todo con el tema de la producción), pero esa impresión se fue disipando en el transcurso de varias escuchas. Es un buen disco de Thrash Metal, pero los viejos fans de la banda quizás deban tomarse un tiempo para aceptarlo. Igual sigo echando en falta más riffs remarcables, ya que antes había al menos uno en cada canción.



¹según Encyclopaedia Metallum, pero Charly dice que el tocó la batería, vaya usted a saber…
²prueba de que tampoco se necesita mucho para hacerme feliz


martes, 16 de junio de 2026

A Thousand Years Slavery - Decade (2016)

 


[DÉCIMO ANIVERSARIO]¹

Otra banda que lanzó un álbum increíble y enseguida desapareció de la faz de la tierra, aunque supuestamente sigue activa según los Metal Archives. Descubrí al quinteto suizo ese mismo año cuando buscaba nuevas bandas en coreradio.ru, si mal no recuerdo. En su página de Bandcamp describen su estilo como una mezcla entre Death Metal Escandinavo (¿?) y Metalcore Estadounidense… ok. A mí me suenan mucho a dos de mis grupos preferidos: los August Burns Red y The Black Dahlia Murder en su mejor época (2005-2009), si bien su sonido se decanta más por los primeros, manteniendo la relación en un 65/35%, más o menos. Agrégale algunos coros limpios a lo As I Lay Dying (The Fall Of Icarus, (R)Epicurean, Above The Canopy, Forget The Sunlight, Coelacanth) y obtienes un Death Metal Melódico/Metalcore bastante sólido y ligeramente técnico. Aunque el parecido es notable no se cumple el meme de “oh, ya tenemos un August Burns Red en casa”, lo que distingue a A Thousand Years Slavery son sus largas y elaboradas canciones, con breakdowns potentes pero no demasiado previsibles y donde los riffs son el centro de atención. Los guitarristas Cedric y Laurent constantemente juegan con diferentes melodías, solos, partes dobladas y cambios de ritmo, manteniendo los riffs frescos y excitantes. Buena muestra de ello es el tema Breath, donde uno de ellos se “atrasa” en el riff para “alcanzarlo” casi al final del mismo (1:30), mete chugs mientras el otro “solea” (1:47 – 2:14) y luego hace tappings¹ encima de los breakdowns (2:16); a la postre ambos terminan entrelazándose con trémolos similares. Y así también es el resto del disco, nunca se quedan mucho tiempo haciendo lo mismo. Me resulta muy interesante su estilo de composición tan dinámico, casi progresivo, en el que no hay un momento aburrido, en parte también porque no repiten los coros y los breakdowns son más entretenidos que los de bandas parecidas. Del baterista Ives puedes esperar el típico galope rápido (tupa-tupa-tupa) del Thrash Metal, mucho doble bombo, múltiples blast beats y hasta jazz beats en la mencionada Breath. El registro hardcorero y grueso de Roan y su forma de vocalizar recuerda bastante al de Jake Luhrs (cantante de ABR), si bien algunos gritos (Above The Canopy, The Hall Of Shame) y guturales (Samsara) parecen salidos del mismísimo Trevor Strand (en paz descanse) de The Black Dahlia Murder. No he encontrado las letras (y apenas se entiende lo que canta), pero a juzgar por los títulos parece que tratan temas de biología (Up To Kubrera, Coelacanth, Danaus Plexippus), mitología/ fantasía (The Fall Of Icarus, Winter Is Coming) y filosofía (Samsara, (R)Epircurean, Tyler Durden). La verdad no le encuentro una pega al álbum, hasta la producción de Vladimir Cochet es impecable, en especial ese tono tan limpio de las guitarras. Si acaso podría señalarle su duración algo extensa (una hora) y que las canciones tienen una vibra similar. Evidentemente A Thousand Years Slavery no inventaron nada con Decade pues es un disco con dos claras influencias musicales pero que aun así suena muy fresco gracias al gran talento compositivo de los suizos.



¹Década cumple una década.

 



martes, 26 de mayo de 2026

John Lindahl - Opening Night: The Complete Score (2020)

 


A principios del 2024 mientras buscaba música nueva de Pia Mia vi que tenía un tema navideño Cuddle Up con John y enseguida me dispuse a chequear su discografía. Lindahl es otro de esos cantantes que han firmado por una compañía grande (Epic Records) al terminar un concurso de talento (X Factor) solo para ser desechados enseguida sin siquiera haber lanzado un álbum. Por suerte Logic lo rescató para su BobbyBoy Records (una subsidiaria de Def Jam), permitiéndole sacar este debut en 2020 y el disco navideño A John Lindahl Holiday al año siguiente. Es evidente que con Opening Night: The Complete Score¹ John trata de dejar una profunda huella en el género y probar que está entre los mejores artistas de su generación. El álbum suena “grande” y “épico” debido al uso de varios instrumentos en vivo (bajo, batería, piano, trompetas, violines, cellos, etc) y está estructurado como un musical: con apertura, intermedio y cierre. Así vemos que Overture (obertura en inglés) es una pieza orquestal a modo de popurrí que brinda una muestra de las principales melodías que encontraremos a lo largo de Opening Night. Me parece una idea muy original, nunca he oído algo así. El primer tema como tal es la balada en piano Famous, donde John (apoyado por épicos violines y trompetas) ya empieza a exhibir todo su poderío vocal y tremendos aires de grandeza (“I'm gonna be famous, baby, uh, famous, hmm”). En The Greatest también muestra el deseo de ser el mejor (“Give me what I deserve / I'm the greatest in the world”), cantando con una cadencia intermitente entre potentes bass drops y estridentes efectos electrónicos. El tema pasa por varios altibajos, realmente no tiene una dirección determinada, más bien parece un mosaico de partes descartadas de otras canciones, pero el resultado es decente. El sencillo Honest se inclina hacia el Pop-trap y su forma de entonar el coro simula una mezcla entre Justin Timberlake y Joe Jonas. Atención al elegante solo de guitarra eléctrica durante el bajón del final. Probablemente sea mi canción favorita, en parte porque me “llega” mucho ese pre-coro:

These late nights got me low

No, we haven't talked

But I gotta know for sure (For sure)

Does he put it on ya? Make you feel on one? (On one)

Hey, 'cause everything changed, babe (Everything changed)

When he walked your way, babe

 

Le sigue otro temazo con ritmo house titulado Lies donde escuchamos a John rapear (por primera vez) una historia de ruptura y posterior revancha, aunque el coro se mantiene melódico (“You found some company while she's in bed with me / I know that it's fucked up”). Me encanta como de nuevo el ritmo se calma en el segundo verso hasta el final; sin duda otro momento cumbre del álbum. If You Love Me lleva mucha influencia vocal de The Weeknd y nos remonta al dance-pop de los 80, mientras Emotions tiene una sonoridad similar pero tirando más hacia el funk y respaldada por ligeros riffs de guitarra electroacústica. Ambos temas nos adelantaban la dirección musical que John tomaría en su siguiente trabajo Cult Classiqué. Luego de un breve y gracioso entreacto (Intermission) llega Nothin In The World, otra balada romántica (ojo a su inmaculado falsete cuando canta: “If I ain't got you, I ain't got nothin' in the world”) con intermitente piano y violines que no desentonaría en un disco de Donny Hathaway. En All Day resalta su dedicación a la música y trabajo duro (“I'm just like Rocky, beat it up and get up in it (Yeah)”, rapeando como su “mentor” Logic y cantando parecido al del rey del Pop (“Sound like Michael in that white coat (Ayy‚ ayy, hee-hee)”) sobre un suave sintetizador y ese intenso beat sincopado. Clouds parece un tema trap perdido de Trey Songz o Chris Brown, no destaca mucho; la letra dice que su chica lo tiene “en las nubes”. Chicago trae una producción más apacible mientras su voz vuelve a tomar el protagonismo al describir cómo se siente caminar de noche por la ciudad (“I'm sorry, walkin' through the city got me in my feelings right now”). Para el final deja las canciones más interesantes, empezando por Idols, la cual está dividida en 3 partes, cada una con instrumental diferente donde John agradece (rapeando) a personas que lo ayudaron en su carrera musical hasta ese momento (“I gotta thank L.A. Reid, JT, L-O-G-I-C For everything you seen in a younger me”). El tema se mueve entre el R&B típico de los primeros 2000 (la introducción me recuerda a Boys 4 Life de B2K) y la balada a piano. Curtain Call sigue esa misma tónica suave, en la que el rapero Conor Michael Smith narra un discurso inspirador (“I've been a diamond, I don't need any pressure / My life's a puzzle, I'm just trying to put my pieces together, uh”) y Lindahl cierra por todo lo alto revindicando su determinación de alcanzar el éxito (“Someday, they'll say / Someday, everybody's gonna know your name”) acompañado por una épica sección de ópera rock tipo Queen.

Siento haberme extendido tanto con un disco de solo 46 minutos, pero hay ciertas obras que requieren un comentario ampliado, especialmente en este lado desconocido del Pop/R&B, como mismo hice con Eric Bellinger y Charli Taft. En el caso de Opening Night es difícil explicar qué lo hace tan bueno (sólo entenderás cuando lo escuches), pero creo que puedes ponerlo cómodamente al lado de los mejores álbumes de Chris Brown, The Weeknd o Bruno Mars. El mayor acierto de John es su extraordinaria capacidad para combinar diferentes géneros (Rock, Hip-Hop, House) dentro del Pop, además de ser tremendamente talentoso: rapea y baila decentemente, además de producir, componer y cantar como los mejores. Oh sí, olvidé decir que él produjo y compuso todos los temas, pueden chequear parte del proceso de grabación en su canal de Youtube. Si bien Opening Night es un extraordinario debut, lo mejor del artista llegaría tres años después con Cult Classiqué, del cual hablaré en algún momento.



¹Opening Night: The Complete Score* es una edición reeditada del álbum debut de John Lindahl, *Opening Night*. John ha mencionado que esta era la lista de temas prevista para el álbum estándar, pero que, debido a problemas con el sello discográfico, se eliminaron Overture y Intermission. Finalmente, fue publicado en su totalidad el 29 de mayo de 2020.