En 2018 de repente me dio por
escuchar música electrónica experimental (no bailable) y me puse a buscar de
forma aleatoria en algunas páginas especializadas. No sé si fue suerte pero me
gustaron los primeros proyectos que escuché, entre ellos THE OBSIDIAN, SINERIDER
y este ROSE RED FLECHETTE, del
productor Connor Murray. The Destruction Myth es su quinto disco y se compone de 8 mastodónticas pistas de más de 12
minutos que se enlazan para crear una sola canción de 118 minutos. Su estilo
tiene un poco de varios subgéneros extremos de la música electrónica como
Psy-Trance, Brakcore y Speedcore, o eso dicen, a mí me cuesta diferenciarlos. A
mí me viene a la mente el término “Horrorcore”, pero ese es un subgénero del
Hip-Hop. Aunque el álbum es instrumental, su concepto gira alrededor de tópicos
contemporáneos preocupantes como la desconfianza en la prensa, la indiferencia
de los humanos con respecto a la naturaleza y lo peligroso de las dictaduras y la
inteligencia artificial, según se describe en su página de Bandcamp. El sonido es
bastante oscuro, lleno de arañazos, chirridos, tonos distorsionados y sombríos
sintetizadores que entregan una atmósfera opresiva y apabullante. No recomiendo
ponerlo de fondo mientras te entretienes en otra tarea, esto requiere toda tu
atención para poder apreciar todos sus matices, pues hay muchas cosas pasando
al mismo tiempo. La base rítmica incluye una potente caja metálica que
generalmente marca un tiempo lento y constante¹, y un destructivo combo de
múltiples micro tonos que golpean con rapidísimos ritmos sincopados. Por suerte
Connor sabe aprovechar todo el abanico de posibilidades que brinda el buen uso
de la polirritmia, incluso manejando tiempos aceleradísimos que en ocasiones sobrepasan
los 200 BPM. A veces la música se detiene por breves instantes para cambiar
ligeramente los ritmos y agregar ciertos sonidos, desde dispositivos de
comunicación tipo modem, notas de 8-bits (Penetrative)
y tímidas percusiones tribales (Demagogue
Demi God), hasta un torno dental (The
Singularity Process). Las composiciones son bastante dinámicas, con
“melodías” reconocibles que mantienen esa aura sintética, sombría y futurista
típica de RRF. Además, casi todas
las pistas comienzan y terminan de una manera calmada, lo que permite
empalmarlas fácilmente sin que se note el cambio, y de paso dando una buena
sensación de fluidez. Todo esto ayuda a que el resultado sea bastante coherente
y entretenido, y eso en un álbum de casi dos horas es algo que se agradece. Aun
así es una escucha agotadora. Generalmente empiezo a cansarme alrededor del
sexto tema, cuando llega la hora y media y sé que todavía quedan más de
cuarenta minutos de disco. The
Destruction Myth bien podría utilizarse como la banda sonora de una
película de terror espacial (The Thing, Skyline), o de ciencia ficción al
estilo Matrix o Terminator. Este es el tipo de música que haría la Inteligencia
Artificial un siglo después de acabar con los humanos. Los únicos vestigios de
humanidad en el disco son algunos cánticos y voces alteradas digitalmente que
susurran palabras incomprensibles casi con tono de advertencia.
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