Trataré de hacer esto rápido, ya
que es el disco más comentado del 2026. Y ya conté mi historia con el artista,
no la repetiré acá. No seguí mucho la campaña de promoción de ICEMAN, solo vi el primer episodio en
vivo en Youtube, que me pareció novedoso, pero no tanto como para checar los 3
siguientes, ni el espectáculo del 15 de mayo en Toronto. Además, esos trucos
publicitarios no me funcionan: para mí, la música es lo más importante. En
aquel episodio estrenó el primer sencillo What Did I Miss, el cual terminó
siendo el peor tema del álbum, con una letra quejosa y un trap beat demasiado
plano (parece un demo), acompañado por inofensivas trompetas. La recepción a ICEMAN para mí es el ejemplo perfecto
de cuán contradictorios pueden llegar a ser los fanáticos del Hip-Hop (no tanto
los seguidores de Drake, ya llegaré a ellos). Siempre les he escuchado decir:
“el artista debería expresar con sinceridad cómo se siente en el momento”, pero
cuando él hace precisamente eso lo critican porque no es como ellos querían que
se sintiera. No me extenderé en este punto, lo menciono porque es el aspecto más
criticado del disco. Por mi parte no me molesta mucho la dirección combativa de
Drake en ICEMAN, pues en cierto
sentido es lo que esperaba: un Scorpion
2.0, o sea, otro trabajo creado a partir de una “derrota” lírica y más centrado
en rapear que en cantar. De nuevo la mayoría de sus respuestas constantemente
cruzan la línea entre ofensiva y defensiva, y a mi parecer son bastante comprensibles desde su punto de
vista. Además, algunas están hechas con tanta inventiva que todavía muchos
fanáticos están descifrando su significado y otras han resultado ser
proféticas: Rick Ross vuela en clase económica, Kendrick Lamar sigue recibiendo premios que no merece y Lebron volvió a cambiar de equipo. El problema viene cuando tu contenido es tan
limitado y dedicas 18 canciones (casi) exclusivamente a un solo tema (tirarle a
todos tus enemigos), llegas a un punto en que saturas al oyente. Por suerte no
todo el contenido de ICEMAN es monotemático,
en ciertos momentos de la serie Make Them se sale un poco del guion,
mostrándose más maduro e introspectivo. Otro problema es la ingente cantidad de símiles que dejan varios
momentos penosos como “I rack up a tab in
Chanel 'cause I do buy everything like I'm Middle Eastern” (Make
Them Cry) o “If a Rolex I want
'bout to drop I reserve the shit like I'm indigenous” (Make Them Know). Para
colmo también a veces se contradice. Por ejemplo, en Dust rapea “I don't remember one word in your raps”,
pero se pasa todo el tiempo respondiendo a esas letras, y en Make
Them Know primero dice “I'll
never forget that July, The worst that I felt in a while” y trece segundos
después espeta “I still haven't lost any
sleep”… En su defensa debo reconocer que casi todos los raperos se
contradicen, empezando por Kendrick. Pero el punto Nemo de ICEMAN son los invitados: en Ran To Atlanta regresa Future con
sus incomprensibles balbuceos y la joven Molly Santana peca de repetitiva, mientras
21 Savage recita una mísera línea más dormido que de costumbre en B’s
On The Table. Por suerte ninguno llega a arruinar la canción del todo. En
cuanto a la música en sí, reconozco que es tan buena que casi le perdono todo
lo demás. Evidentemente Drake tiene una fórmula muy exitosa que nadie ha podido
copiar, y es increíble lo que puede lograr con las ideas más simples. Ningún
otro artista puede hacer canciones tan sencillas, pegajosas y originales como Janice
STFU y Shabang. Mucha gente dice “I prefer Drake with the melodies”,
pero yo no porque su rango vocal es limitadísimo y no queda bien en algunos temas
que requieren registros altos, ya lo vimos en $$$4Y. Por suerte acá canta poco y pasa la mayor parte del tiempo
rapeando con su característico flow conversacional sobre suaves boom bap beats y
extractos vocales (de R&B) modificados o usa el triplet flow (rápido o
lento) típico del trap. La verdad se escucha confiado en todo momento, incluso
cuando cambia de flow o dice una soberana pendejada. La certera producción de
40, Boi-1da, Conductor y otros es lo que hace más potable el álbum, ayudándonos
a soportar la saturación de barras. El crítico Shepgold lo explica muy bien: el
sonido del canadiense mantiene su tono oscuro y reduccionista, enfocado en su
voz y las frecuencias bajas, y condensando una gran cantidad de energía en un
solo punto. Ese sello también se mantiene cuando hace abruptos cambios de beats
(Dust,
Burning
Bridges, National Treasures), excepto en mi tema preferido, 2
Hard 4 The Radio, que tiene un sonido festivo más propio
de la costa oeste. Realmente ninguna canción tiene desperdicio (excepto What Did I Miss), aunque yo
hubiera movido Little Birdie y Don’t Worry a su otro disco HABIBTI (lanzado el mismo día), de corte más R&B. Vaya, entre
una cosa y otra me he extendido demasiado, necesito terminar la reseña, aunque
quedan muchas cosas por decir. En general me gusta ICEMAN, pero no me veo volviendo
a él muy seguido. Entiendo que para los fans de Drake es un discazo, y de
verdad me alegro de que no tengan que pretender que les gusta, como hicieron
muchos con Honestly, Nevermind. Por
otra parte, si lo odias significa que definitivamente no te gusta Drake, pues es
su álbum más centrado desde If You Reading This It’s Too Late.